Posts tagged ‘lectura’

Más sobre competencia lectora y aprendizaje inicial de la lectoescritura

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir al III Symposium de lectoescritura-2015, que se celebró en Bilbao organizado por Psikolan con el título “La competencia lectora, eje eficaz del aprendizaje. Desde la lectura eficaz a la pasión por la lectura”.

Estela D´Angelo-bilbao

Empezamos escuchando a Gerardo Aguado defender la ruta fonológica y, en consecuencia (según él) los métodos sintéticos como la mejor manera de acceder a la lectoescritura, con argumentos basados, por una parte, en las investigaciones del National Reading Panel (NRP), y por otro lado, en el dato histórico de que la mayor parte de la población ha aprendido a leer y escribir mediante estos métodos, es decir, para entendernos, con las cartillas tipo Palau en las que se avanza de lo particular a lo general (“la m con la a, ma”). Ninguno de estos argumentos me convenció.

Por una parte, el NRP surge en EEUU con el fin de buscar una solución a los malos resultados en lectura de su alumnado, es decir, en lengua inglesa (alumnado con el inglés como L1, en la mayoría de los casos, pero también como L2), que, como todos sabemos, no es en absoluto transparente desde el punto de vista fonológico. Las conclusiones de estas investigaciones no son extrapolables al parendizaje de la lectoescritura en eurkara o castellano en el sentido de que no son comparables al inglés. Por otro lado, es una falacia pensar que la mayoría de la población ha aprendido con métodos sintéticos. Es verdad que a lo largo de la historia no se han utilizado, en general, otros métodos, pero es que NO es verdad que toda la población aprendiera a leer y escribir. Ni siquiera en el siglo XX, en el que se fue extendiendo la educación a toda la población. Todavía podría citar aquí con nombre y apellidos personas que no llegaron a aprender a leer. Ni siquiera en las últimas décadas del pasado siglo, pues no se puede considerar hoy en día un éxito de los métodos sintéticos un nivel de lectura de la mayoría de la población centrado en la descodificación y, si acaso, en una velocidad lectora y una exactitud aceptables. Leer, en las últimas décadas, es una necesidad que implica, inseparablemente, comprender, seleccionar información, valorar críticamente la información, disfrutar con la lectura, utilizar de manera consciente estrategias de lectura adecuadas a los objetivos de la lectura… ¿Podemos afirmar que toda la población ha alcanzado estos niveles de competencia lectora? Los informes de las evaluaciones nos dicen que no. Entonces, no sé por qué sigue habiendo valoraciones tan triunfalistas de los métodos que han llevado a un porcentaje altísimo de la población a no ser lectores asiduos/as y competentes.

Por otro lado, siendo cierto que la conciencia fonológica es imprescindible para llegar a leer de manera autónoma, no lo es que los únicos métodos que aseguren dicha conciencia fonológica sean los sintéticos. La cuestión es que se presenta la dicotomía entre métodos sintéticos y analíticos como si fuera la única alternativa posible, lo cual no es cierto. Una aclaración interesante y breve sobre la cuestión de los métodos es la que nos ofrece Sofía Vernón en el documento Tres distintos enfoques en las propuestas de alfabetización inicial

A continuación Juan Carlos Ripoll destacó la importancia de las experiencias positivas con la lectura desde los primeros años de vida, es decir, cuando todavía la escuela apenas ha empezado a intervenir, tanta importancia que en muchos países hay planes institucionales para formar a las familias y dotar de libros a los recién nacidos, incluso a través de las consultas de los pediatras o a través de  las ayudas sociales, en algunos casos. Pero la constatación de la importancia de la familia en esos primeros años de vida nos puede llevar al fatalismo de pensar que la escuela poco puede hacer cuando ya algunos entran con un bagage familiar desigual.

A mí se me ocurren dos conclusiones en relación con el papel de la escuela y de las maestras y maestros de educación infantil: por una parte, debemos asumir la responsabilidad de formar también a las familias de nuestros alumnos y alumnas y de involucrarles en las actividades que llevamos a cabo en las aulas, provocando la comunicación en las familias en torno a las actividades escolares, para compensar los posibles déficits de los primeros años. Por otro lado, es imperativo que la escuela de educación infantil tenga, de verdad, una función compensadora de las desigualdades. Para eso no hay otra vía que un aula en la que acepte la diversidad, que se respeten los ritmos de aprendizaje, los intereses diversos, las diferencias en la vía de acceso al currículum, los estilos de aprendizaje diferentes… y sobre todo, que tenga muy presente, en el día a día, que, en condiciones normales de desarrollo, todo ser humano quiere aprender, pero para ello es imprescindible una seguridad afectiva que hay que garantizar como auténtico pre-requisito para el aprendizaje, el fundamental.

Estela D´Ángelo, presidenta de la Asociación Española de Lectura y Escritura, nos mostró que todo esto es posible. Su larga experiencia, primero con niños y niñas de medio social desfavorecido, con alto riesgo de fracaso escolar, y luego en la universidad, dirigiendo investigaciones sobre las condiciones de aprendizaje de la lengua escrita en las que se respetan los ritmos individuales, porque la maestra y el maestro identifican las fases por las que pasan sus alumnos, lo cual le permite intervenir en la zona de desarrollo próximo, porque sabe que no se puede mejorar a partir de la identificación del déficit, sino de las fortalezas, proponiendo retos alcanzables para proporcionar el refuerzo positivo que mejorará la autoestima y la confianza en las posibilidades de realizar la tarea… proponiendo contextos de uso funcional de la lengua escrita, en situaciones reales de comunicación, actividades de interpretación y de producción de textos a niños y niñas que aún no leen ni escriben convencionalmente…

¿Nos suena? Evidentemente, estas propuestas no tienen nada que ver con los métodos en los que todos los niños y niñas aprenden a la vez una letra y sus combinaciones para formar sílabas y luego palabras y frases, porque el dominio de la lectura y la escritura no se circunscribe a una descodificación, porque ha quedado demostrado con la experiencia de infinidad de aulas, que los niños y las niñas pueden producir textos coherentes y cohesionados aunque no dominen el sistema alfabético y/o ortográfico.

Después de comer, cuando pensábamos que tendríamos que luchar contra el sueño, Mar Romera, Presidenta de la Asociación pedagógica Francesco Tonucci, captó nuestra atención con un discurso emocionado y emocionante con el que nos llevó a ponernos en la piel de ese niño/a cuya individualidad, creatividad, deseo de aprender… han sido anuladas alguna vez en la escuela, hasta que un día se encuentra en un aula en la que puede elegir y ya no sabe hacerlo. Es un placer escuchar a Mar Romera, por eso dejo aquí algunos de sus vídeos.

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2015/04/27 at 17:19 Deja un comentario

“La letra, con sangre, NO entra”. Leer y escribir en educación infantil

Coincidiendo con la “vuelta al cole” acabo de recibir los últimos ejemplares de las revistas de educación infantil a las que estoy suscrita: Infancia, la revista de la Asociación de maestros Rosa Sensat, y Aula de educación infantil, publicada por Graó. Casualmente (o no) ambas publican un artículo sobre el aprendizaje de la lengua escrita en educación infantil en el que dos profesores de universidad abordan el tema de forma clara y concisa: Juan Mata, Profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, en el artículo “A propósito del aprendizaje de la lectura y la escritura” y Marta Soler, profesora de la Universidad de Barcelona y responsable del CREA, en la entrevista realizada por Cristina Elorza y Paco Luna.

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Confío en que sea un síntoma de la vigencia del tema. Al fín y al cabo, cada años niños y niñas se incorporan a la escuela a través de esta etapa “pre-escolar”, no obligatoria, cierto, pero sí generalizada, en la que se sientan las bases para el desarrollo posterior de la persona, y en la que se pueden hacer las cosas muy bien… o no tan bien. Cada niño o niña que entra en nuestras aulas tiene todo el derecho a recibir la mejor educación, basada en las aportaciones de las investigaciones. Parafraseando a Carlos Gallego (X Jornadas de Matemáticas de Sestao, 2009), el derecho a la educación en el siglo XXI no puede limitarse al derecho a un puesto escolar, sino que debe implicar el dercho a una educación de calidad.

En lo que se refiere a la enseñana y aprendizaje de la lengua escrita, hemos asistido, a lo largo de los años, a tantas polémicas en todo tipo de foros, que siempre existe el riesgo, en aras a evitar conflictos en el seno del equipo docente, de abandonar un debate que, desde mi punto de vista, sigue abierto, debe seguir abierto…

Marta Soler pone el foco en la cantidad y calidad de interacciones con otros sujetos durante la lectura, resaltando la importancia de la colaboración con las familias. Por su parte, Juan Mata incide en el cómo enseñar, apostando claramente por las prácticas derivadas de las investigacines de Emilia Ferreiro.

Ambos coinciden en la necesidad de incorporar la lengua escrita a las aulas de educación infantil, superando las teorías vigentes en los años 70 según las cuales el aprendizaje de la lengua escrita se debía introducir en el momento en que los niños y las niñas estuvieran “maduros”, es decir, una vez que hubieran “logrado” superar ciertos “pre-requisitos”, de manera que el debate se focalizaba en determinar el nivel o edad más adecuados, entendiendo que antes de esa edad se trataba de trabajar los “previos” (discriminación visual, coordinación visomotora, lateralidad, preescritura… fundamentalmente).

Pero ya hace más de 30 años, Emilia Ferreiro reenfocó el debate en otra dirección, resumiendo su posición, derivada de años de investigación que concluyeron en una tesis docoral dirigida por Jean Piaget, en el breve artículo ¿Se debe enseñar a leer y escribir en el jardin de infantes?. Un problema mal planteado. (Boletín nº 2 Dirección de educación preescolar, diciembre 1982).

Desde entonces se han sucedido numerosas publicaciones que recogen tanto investigaciones como ponencias, propuestas y experiencias de aula… hasta llegar a las que acabamos de mencionar. Con el fin de facilitar la localización de muchos de esos documentos, empecé hace unos años a elaborar el site Aprender a leer y escribir que sigue “en obras”, es decir, “necesita mejorar”, pero que puede ser de utilidad para el profesorado de educación infantil y primeros cursos de primara.

2013/09/24 at 15:36 Deja un comentario

¿Sabemos cómo como enseñar a leer y escribir? Montserrat Fons nos ha aportado algunas claves

Según Juan Mata “hay todavía prácticas pedagógicas que no se corresponden en absoluto con lo que se sabe sobre los aprendizajes infantiles o con lo que propugnan incluso las leyes. No es fácil desprenderse de las rutinas, sobre todo si no hay una conciencia previa de su obsolescencia. Para desecharlas se requiere mucha seguridad y mucho coraje. Lo cierto es que cuesta mucho integrar en las aulas lo que han puesto de manifiesto las investigaciones científicas y las buenas experiencias docentes”. Leer cómo, enseñar qué (los formadores en lectura)

Ayer tuvimos la oportunidad, en el Berritzegune de Getxo, de acercarnos un poco más a esas investigaciones que sustentan muchas experiencias docentes con la lectura y la escritura de la mano de Montserrat Fons. Para muchas maestras y maestros supuso una pequeña inyección de ánimo a seguir trabajando con el objetivo de lograr buenos lectores, un “fanalico encendido“, que diría el poeta, que nos confirma que vamos por buen camino.

Para otros quizás fue la oportunidad de acercarse, por primera vez, a la mente de los más peques de la escuela, de entender que, detrás de unos garabatos en el papel, si tenemos ojos de niño, podemos ver las primeras escrituras, producto de las ganas de imitar a los adultos… de un juego simbólico que no se limita a dar de comer a las muñecas o a jugar a cocinitas, a maestras o a médicos, sino que les empuja a descubrir y a tratar de comprender una práctica social tan compleja como la lectura y la escritura. Cuando llega ese momento en que realizan los primeros trazos, inseguros, arbitrarios, pero claramente diferenciados (en la intención de los niños y las niñas) de los dibujos, es cuando a los adultos nos toca “mover ficha”. Hemos de estar atentos a esas primeras producciones para acompañar, con la intervención oportuna, el proceso de re-construcción del sistema de escritura convencional. El proceso es largo y el aprendizaje complejo. Montserrat nos decía que, en general, se lleva a cabo entre los 4 y los 7 años, es decir, que comienza en la etapa infantil y se culmina a lo largo del primer ciclo de educación primaria.

El objetivo último es que nunca decaiga el interés por lo escrito, que lo que empieza por un “gusanito” escrito por un niño de 3 años con una intención comunicativa, llegue a convertirse en un texto literario, expositivo, instructivo… y el niño o la niña en lectores y escritores competentes. Por eso, es responsabilidad de la escuela garantizar la progresión de los aprendizajes, pero no nos engañemos, no lo vamos a lograr delimitando “qué esperamos” a final de 4 años, al final de la etapa infantil, al final de primero… El proceso de construcción del sistema de escritura, como el de otros aprendizajes, es personal, lo cual significa que cada sujeto sigue su propio ritmo. Las investigaciones llevadas a cabo en el contexto de la psicología genética, iniciadas en los años 70 por Emilia Ferreiro y Ana Teberovsky, han demostrado que todos los niños y niñas pasan por determinadas fases, al igual que pasan por determinadas fases en el desarrollo del pensamiento lógico (Piaget), pero a ritmos muy diversos, de tal manera que encontraremos, en la misma aula, niños y niñas en fases diferentes. Cuanto antes asumamos, las maestras y maestros de infantil y primer ciclo de primaria, que vamos a tener diversidad en el aula, que podemos tener niños y niñas que leen convencionalmente junto a otros que a duras penas identifican su nombre en una lista, y lo que es más importante: cuanto antes asumamos que la única manera de ayudar a avanzar a todos y cada uno es a través de la intervención ajustada a lo que ya sabe y no a la media (necesariamente ficticia) de la clase, antes superaremos la ansiedad que a veces supone gestionar la diversidad del aula y mejores lectores y escritores serán nuestros alumnos.  Cada niño, cada situación, son únicas y por lo tanto, más que un “buen método”, lo que necesitamos son maestras y maestros que sepan identificar los logros de sus alumnos para decidir (muchas veces sobre la marcha) la intervención más adecuada en cada momento, esa que se sitúa en la “zona de desarrollo próximo” (Vigotsky), en la que es posible el aprendizaje con un poco de ayuda (del adulto, de compañeros, de niños y niñas de otras edades…). Montserrat nos puso un ejemplo muy acertado: Una cría de conejo está en su madriguera y no se atreve a salir al exterior. Si le damos a la boca una zanahoria, se la comerá y no necesitará salir a buscar alimento. Si ponemos la zanahoria detrás de un árbol, fuera del alcance de la vista, es posible que pueda olerla, pero se desorientará y no la encontrará. Si colocamos la zanahoria a la vista del conejo, pero a cierta distancia de la madriguera, saldrá a buscarla con la seguridad de que no se perderá. Pensemos dónde ponemos la zanahoria cuando proponemos las actividades.

En la tarea compleja de enseñar a leer y escribir resulta de gran ayuda tener la oportunidad de contrastar la propia experiencia con la de otros compañeros y compañeras. En Getxo tenemos la suerte de reunirnos un grupo de maestras de infantil y primer ciclo de primaria con ganas de compartir la experiencia de enseñar a leer y escribir. Sin embargo, las nuevas tecnologías y la web 2.0 nos ofrecen otras alternativas para compartir la experiencia docente. Con este objetivo, entre otros, de creado el site Aprender a leer y escribir. Espero que sea de utilidad y confío en que se pueda enriquecer con vuestras propias experiencias.

Yo descubrí cómo piensan los niños y las niñas acerca del sistema de escitura después de muchos años de docencia. Incluso confieso que “me perdí”, en gran parte, el proceso de mis propias hijas, como pone de manifiesto la escritura de Itxaso a los tres años y medio, que no tuvo continuidad porque nos empeñamos en enseñar las vocales y sólo las vocales, a los cuatro años, sin más argumento que la costumbre. Si todavía estáis a tiempo, os deseo que no os pase lo mismo.

2011/11/30 at 18:11 1 comentario


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