La teoría de la práctica. ¿Hay ciencia en educación?

2012/01/16 at 19:49 2 comentarios

En educación es habitual oir hablar de teoría y práctica como dos términos contrapuestos: se asocia la práctica a la vida en las aulas y la teoría a las elucubraciones de quienes habitan las universidades. En este contexto polarizado, los servicios de apoyo o berritzegunes nos encontramos a mitad de camino entre las aulas y las universidades con una función, entre otras, relacionada con el acercamiento de la teoría a las aulas. De este modo, intentamos acercar al profesorado propuestas didácticas derivadas de la investigación educativa, es decir, intentamos justificar, con argumentos científicos, las propuestas de trabajo en el aula, sean del ámbito que sean. Y eso implica, inevitablemente, “algo de teoría”. ¿Cómo, si no, podríamos pasar de proponer agrupamientos flexibles (grupos homogéneos según nivel de adquisición de contenidos) como la mejor manera de atender a la diversidad en el aula para pasar, unos años después, a defender justamente lo contrario, es decir, los agrupamientos heterogéneos y el trabajo cooeprativo?; ¿cómo pasar de evitar el texto escrito en la etapa infantil a proponer la introducción de diferentes tipos de textos y soportes de lengua escrita desde los primeros años de la escolarización?, por mencionar dos ejemplos que conozco muy bien. Algunos dirían que sólo se trata de modas que ya pasarán. Una valoración muy peligrosa, desde mi punto de vista.

Con demasiada frecuencia tropezamos con la demanda de “práctica” a secas, sin necesidad de vincular esa práctica a un marco teórico más general, que lo explique y lo justifique. Es más, en ocasiones se rechaza toda propuesta que no contenga una “práctica que llevar al aula de inmediato”. Desde mi punto de vista, es como si nos conformáramos con la sombra que los objetos proyectan sobre el suelo, ignorando que su forma depende totalmente del objeto que la proyecta. Esta dicotomía entre teoría y práctica conduce con frecuencia a esfuerzos de coordinación estériles, en la medida en que se discute la aplicación de una práctica concreta sin profundizar en las razones que la justifican. En ese caso, se pueden adoptar acuerdos en apariencia, pero no tendrán una verdadera repercusión en la práctica si no se han contrastado también las bases teóricas que subyacen a las prácticas.

Cuando el profesorado “admite o rechaza” una determinada propuesta didáctica en función del grado de concordancia con las propias prácticas, se suele argumentar: “yo toda la vida lo he hecho así y me va bien”, aplicando un razonamiento pre-científico. En psicología evolutiva estudiábamos que a cierta edad (al final del período sensomotor, es decir, hacia los dos años), los niños tienen un pensamiento transductivo, que consiste en razonar pasando de lo particular a lo particular. Se trata de un pensamiento “no lógico” que va evolucionando a lo largo de toda la etapa infantil hacia un pensamiento lógico ligado a la experiencia con el mundo real (etapa primaria) para convertirse en un pensamiento abstracto a partir de los doce años.

Por favor, no tratemos al profesorado como si tuviera 5 años. Si queremos profesionales de la educación capaces de tomar decisiones para adecuar el curriculum al contexto de cada grupo; decisiones basadas en la argumentación científica y no en la opinión personal… no nos conformemos con demandar o facilitar “recetas” si no vienen acompañadas de una (¿mínima?) justificación teórica. Destrás de una determinada opción metodológica hay una teoría educativa; detrás de un determinado tipo de agrupamiento hay una teoría; detrás de una determinada distribución de los espacios y las tiempos hay una teoría; detrás de cada manera de afrontar las relaciones con las familias hay una teoría; detrás de la manera en que se plantean las relaciones en el aula, hay una teoría; detrás del uso de determinados recursos hay una teoría… detrás de cada práctica hay una teoría y no hay nada más peligroso que ignorarlo. Sólo desde el análisis crítico de las propuestas derivadas de la investigación educativa podemos cambiar el paradigma con criterios científicos.

¿Sería admisible en otros campos de conocimiento un razonamiento semejante? ¿Admitiríamos que un médico, un ingeniero o un arquitecto siguieran trabajando como hace 30 ó 50 años sólo porque a ellos “les va bien”? ¿Por qué, entonces, permitimos que eso suceda en educación?

Podríamos identificar la práctica con la sombra que proyecta un objeto cuando le da el sol: así como la sombra adopta la forma del objeto, la práctica educativa es la consecuencia de la teoría pedagógica del docente o del equipo, tanto si esa teoría es explícita como si no. Ahora bien, cuando más explícita y compartida sea la teoría pedagógica que guía la práctica, más garantía habrá de coherencia y efectividad en la tarea educativa.

Nunca olvidaré las palabras de un profesor de mis tiempos universitarios:

                                        La mejor práctica es una buena teoría

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2011ko laburpena Esperimentazio jolasak haur hezkuntzan

2 comentarios Add your own

  • 1. Pilar  |  2012/01/30 en 11:42

    Me alegra que introduzcas este comentario sobre la práctica y la teoría.
    Nos preocupa la inmediatez y como dar respuesta rápida a las necesidades que se plantean en el aula. ¿Esto es posible?.
    Los ejemplos de prácticas desligadas de una teoría compartida por el profesorado, son un espejismo , podemos ver en ellas una revolución , una innovación , pero cuando pasa un tiempo no demasiado largo , nos damos cuenta que hemos vuelto a la casilla de partida.Entonces buscaremos otra práctica que nos de vida por un tiempo más.
    Tenemos que convencernos como profesionales de la educación, que nuestra práctica y nuestra teoría deben de caminar juntas. No se pueden importar prácticas revolucionarias sin más.En cada centro el profesorado tiene capacidad , tiene iniciativa , tiene saber, tiene conocimiento para reflexionar y actuar desde sus propias teorías y prácticas hacia una teoría y una práctica consensuada para su centro y desde su centro. Por supuesto que nos se descarta la ayuda y la colaboración de otros agentes externos , pero será desde la práctica reflexiva unida a la teoría que la sustenta , como , el centro podrá innovar , podrá realizar cambios
    sustanciales y duraderos.
    Por lo tanto la formación permanente, es en nuestra profesión indispensable.Y como nos dijo una profesional recientemente “el profesorado tendría que estar interesado en todas las áreas de conocimiento: arte, música, arquitectiura, ciencia, matemáticas, lenguas…………..,

    Responder
    • 2. Txaro Franco  |  2012/01/30 en 13:03

      Gracias a tí, Pilar, por tu aportación. Creo que estamos de acuerdo en valorar como un factor imprescindible en la formación permanente del profesorado la reflexión sobre la práctica en equipo, que ha tenido su máximo exponente en la Investigación-Acción.

      Responder

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